Neno Alfonso es profesor de una universidad, se me confunde si en Virginia o en Maryland. Sus hijos también son adultos. No los conozco ni por fotografía. En los primeros años de su exilio experimentaron en Canarias y allá se sintieron bien, pero cruzaron el Atlántico pensando en el futuro de su prole y para complacer a su esposa. Fue un sacrificio. Devoto de la seguridad hogareña, imagino que de alguna manera la habrá hallado. Según cuenta Lourdes, aspira a comprar una casita en la Florida el día que se retire. David Lago vivía en Madrid. Era un gran poeta. Grande e injustamente ignorado. Aunque ya se sabe que la justicia nada tiene que ver con el cumplimiento de nuestros designios. El que es poeta, debe de sentir pago en el hecho de escribir. Sus frecuentes depresiones lo sufrirían más que su enfermedad. Áspero y afectuoso a la vez, estaba orgulloso de ser lo que era y cómo lo era. Como en la mayoría de los exilados, sus sentimientos sobre la isla donde nació son contradictorio...